Memoria de Sefarad

Hace muchos, muchos años en las juderías de Sefarad vivían judíos.
Hoy nos queda:
La memoria de las piedras, testimonio silencioso de un pasado brillante.
La memoria de las gentes, que han conservado algunas historias que a penas comprenden.
La memoria de los hijos de Sefarad, que llevaron su pasado a cuestas en sus largos caminos de exilio.
La colección Memorias de Sefarad de Angelitos Edicions nace de una necesidad. De la necesidad de la memoria, la memoria de la España de las tres culturas. La memoria de Sefarad.
 
 
La colección Memorias de Sefarad de Angelitos Edicions nace con el propósito de reconstruir una identidad, la nuestra, forjada por identidades múltiples y contrapuestas, a menudo en conflicto. Recuperar nuestro patrimonio hispano es re-dignificar el patrimonio de las minorías históricas, tanto nacionales como religiosas.
Las publicaciones de Angelitos Edicions tienen como objetivo recuperar y mantener la memoria del judaismo medieval de Sefarad.
Angelitos edicions crea libros de la memoria y para la memoria, libros que recogen la memoria de los pueblos y nos ayudan a preservarla, que dan fe de la riqueza y variedad de nuestro legado cultural, del legado medieval de la España de las tres culturas, del legado de Sefarad.
A través de las leyendas populares se recuperarán tradiciones, recuerdos y sueños de los habitantes de las juderías de la península.
Esta colección pretende ser un puente entre nuestro pasado y nuestra actualidad, pretende fomentar los lazos de respeto y solidaridad entre las distintas comunidades, acercar posiciones.


LA MEMORIA ES SUFICIENTE...
Había una vez un Rabino que conocía un lugar en el bosque. Iba a menudo, encendía un fuego, hacía una oración y hablaba con Dios. Su hijo seguía yendo al rincón del bosque y encendía el fuego, pero había olvidado la oración. Aún así hablaba con Dios. El hijo de su hijo aún conocía el lugar en el bosque, pero no recordaba ni como encender el fuego, ni la oración, pero aún así podía hablar con Dios. Y el hijo del hijo del hijo del Rabino, que no recordaba ni el lugar en el bosque, ni la manera de encender el fuego, ni la oración, aún así conseguía hablar con Dios, porque conocía esta historia, y esta memoria era suficiente.
Cuento Hassídico